Clínica Psicoanalítica Escuela de Psicoanálisis del Campo Lacaniano |
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Intervención en
el seminario Espacio-Escuela Barcelona 16 de
octubre de 1.999 Valencia-Barcelona,
Octubre de 1.999
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EL REVERSO
DE LA INSTITUCION, AUN Pilar Dasí |
( (1)
Jacques Lacan. El Acta de Fundación. (2)
Jacques Lacan. El Acto de Fundación. 1.964 (3)
Jacques-Alain Miller. Escisión, excomunión, Disolución. Tres momentos en la vida de
Jacques Lacan. (4)
Noviembre del 52 (5)
Enero del 53 (6)
J. Lacan. Seminario XVII. El reverso del psicoanálisis. Apartado: Los ejes de la
subversión analítica. (7)
Referencia a la excomunión mayor de Spinoza. (8)
Jacques Lacan. Acta de Fundación. (9)
J. Lacan. Seminario XVII. Apartado: El campo lacaniano. (10)
S. Freud. El Malestar en la cultura. (11)
S. Freud. Psicología de las masas y análisis del yo. (12)
Jacques Lacan. La Proposición del 9 de Octubre de 1.967 (13)
Jacques Lacan. Proposición del 9 de Octubre de 1.967 sobre el psicoanalista de la
Escuela. |
El Acta de
Fundación del 21 de Junio de 1.964(1) termina diciendo que "la Escuela es asunto de
quienes, psicoanalistas o no, se interesan por el psicoanálisis en acto. A ellos se abre
la Escuela para que pongan a prueba su interés no estándoles prohibido elaborar su
lógica". Con esta enunciación Jacques Lacan invita a cada cual a descubrir los
escollos y las promesas(2) que se inauguran con su acto. Para abordarlos,
en este contexto y para este espacio, aquí en Barcelona, he centrado mi interés, en
primer lugar, en los Estatutos(3) redactados por Sacha Nacht(4) y por Jacques
Lacan(5), para el Instituto de Psicoanálisis, detonante de la Escisión de 1.953, y en
segundo lugar, en el Acta de Fundación de 1.964 y en la Proposición del 9 de
Octubre. Todos ellos, sobre un fondo de relectura del Seminario XVII, como
evoca el título de mi intervención. Recordareis que
los Estatutos de Nacht planteaban como cuestión de fondo la legitimidad de los didactas y
su concepción de los conceptos de resistencia y transferencia, con relación a los
análisis didácticos que la Sociedad sancionaba. Los de Lacan implicaban una concepción
del psicoanálisis que en el contexto refiere al cuerpo fragmentado, diciendo que sus
Estatutos son el instrumento de un espejo en el que quiera el cielo que anticipe su
unidad. En ambos hay una diferencia radical en la lógica que les sostiene y que
alcanza a la estructura política organizativa de que se dotan. Es cierto que el
propio Lacan necesita diez años y muchas experiencias para asir los elementos que quería
para su Escuela y tres años más para plantearse que psicoanalista para la misma. Y, es
así como entiendo la diferencia estructural entre el 64 y el 67, y es así como voy a
tratar de transmitir la enseñanza que los dos textos --que han acaparado mi atención en
segundo lugar--, me han proporcionado para abordar la problemática actual de debate hacia
una Escuela que se plantea en una coyuntura de la que no se pueden olvidar tampoco, sus
antecedentes. A saber, la grave crisis de la AMP y los escollos que también ésta se
encontró a la hora de desplegar el pase en sus Escuelas. Resumiendo mucho
--ya otros han escrito al respecto-- se me ocurre que durante seis o siete años se
gestaron en la AMP las tensiones inevitables, consecuencia de la puesta en marcha del pase
en el seno de un modelo organizativo que se sostiene en la falsa complacencia. La
alternativa, que nos propone J. Lacan en el Acta de Fundación, ante este
inevitable de la política, es tomada por la vía del inconsciente, para evitar el engorro
que hace que no atinemos y que nos quedemos encallados(6). La Escuela, tal y
como es pensada en el 64, surge de una precipitación, la excomunión de J. Lacan, que tal
y como la fundamenta él mismo en el Seminario XI, implica que no hay posibilidad
de retorno(7). De ahí la radicalidad de su acto y del de cada uno que le siguió. Las
consecuencias son conocidas: el psicoanálisis en Francia y en otros países lleva a
partir de ese momento la firma de J. Lacan. No voy a insistir sobre el viraje que este
acto produce en el psicoanálisis en el mundo, pero si me referiri a algunas enseñanzas
que podemos extraer apres-coup. Es a partir del Acta
de Fundación y la conceptualización del objeto a, bordeando la lectura
lacaniana de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, donde se marca un
antes y un después de los fundamentos del psicoanálisis. Pero no sólo eso; también, la
inserción en la cultura del pensamiento de Freud adquiere nuevos relieves con la lectura
que hace Lacan de los textos freudianos. Esto es un hecho para la historia de la cultura
del siglo XX, pero me pregunto si también es un hecho para la o las comunidades
analíticas que tomaron a su cargo la tarea de transmitir este acto de fundación. Quizás fue una
pesada carga para los lacanianos de los años 60 y 70, quizás se enredaron mas en los
escollos que en las promesas, quizás buscaron donde no debían, produciendo la llamada
nebulosa que peyorativamente, la AMP ha tratado de anular durante años sin analizar las
causas de su existencia, mas allá de la consideración de las desviaciones teóricas o de
las criticas políticas. Con la perspectiva que da el tiempo, aunque sea aún breve, me
parece que este tratamiento perseguía una finalidad, inteligente sin duda para la
consolidación de la AMP, pero nefasta, en mi opinión, a los intereses del psicoanálisis
mismo. Con relación a
eso, rescato otra enunciación de Lacan, para abordar mi reflexión sobre el Acta y
la Proposición. "Solo es factible entrometerse en lo político si se reconoce
que no hay discurso y no sólo el analítico, que no sea del goce, al menos cuando de él
se espera el trabajo de la verdad". ?¿Cómo plantea en el Acta de fundación
este problema? ¿Cómo lo plantea en el 64, si entendemos la verdad en su dimensión
lógica?. Pues bien, creo
que después de referirse a las promesas y los escollos que la Escuela como experiencia
inaugural presenta, y de plantear los principios en los que se sostiene, nos advierte de
que "ningún aparato doctrinario, y en particular el nuestro, por propicio que sea a
la dirección del trabajo, puede prejuzgar sobre las conclusiones que serán su
resto"(8). Magnífica apertura --y me refiero al reto de elaborar la lógica que
sostiene la Escuela--, pero también excelente final donde no escamotea lo real en juego
en toda institución analítica. Y todo eso en pocas paginas. ¿De qué elementos dotarnos
para jugar la partida? Es precisamente
en este punto, refiriéndose a la interrogación sobre lo que nos guía, donde J. Lacan
revela su razón, que yo distingo en tres vectores: la conceptualización de la
transferencia de trabajo, la advertencia sobre el uso del poder y el enquistamiento del
pensamiento en la comunidad analítica. Con relación al
primer vector, Lacan se plantea la cuestión de la enseñanza, para dejar claras las
coordenadas. Considera que la enseñanza del psicoanálisis no tiene problemas en el
mundo, mas bien cuenta con la benevolencia social desde la época del Freud. Anticipa así
lo que mencionaba antes al respecto: que hoy el psicoanálisis esta en todas partes y su
corpus tesrico forma parte del acervo cultural del siglo XX. El problema para Lacan, tal
como lo entiendo en esta aproximación, se sitúa en la transmisión del psicoanálisis
con efectos de saber: "La enseñanza del psicoanálisis no puede transmitirse de un
sujeto a otro sino por las vmas de una transferencia de trabajo. Los seminarios, incluso
los de Altos Estudios, nada fundaran si no remiten a esta transferencia". Es a este
respecto que hago mi primera reflexión respecto a la historia reciente de la AMP. La
distinción radical entre transferencia de trabajo y militancia política, es un factor
que traigo a debate. El segundo vector
adelanta refiriéndose a la institución analítica, lo que desarrollara mas tarde en el
Seminario XVII y en los textos de los años 70 en cuanto a la formalización de los
discursos, al afirmar que en la vía abierta por Freud puede percibirse la razón por la
que el marxismo fracasa en dar cuenta de un poder cada vez mas desmesurado y loco en
cuanto a lo político, que incluso podría desempeñar un efecto de reactivación de su
contradicción. Aquí también
advierto una diferencia radical en cuanto a la concepción del poder en el psicoanálisis
y en la política. El dominante, agente del discurso en el caso del discurso analítico,
es explícito al respecto: encarnar el poder del objeto a condición de no usarlo(9). Es
así como entiendo las afirmaciones lacanianas sobre Marx y el marxismo con relación a la
famosa consigna lacaniana: Freud y Marx no dicen tonterías. El tercer vector,
plantea el enquistamiento del pensamiento y la incapacidad de los psicoanalistas de juzgar
los males en los que están inmersos, y lo toma del lado de las consecuencias sobre el
dispositivo analítico mismo y sobre la formación del analista. No se trata de que la
Escuela no disponga de psicoanalistas irreprochables, al contrario, afirma, se trata de
que la Escuela misma debe cuestionar los principios de una habilitación patente. Esta afirmación
es evidentemente otra llamada al debate, pero además, mas allá de un trabajo de critica,
en mi opinión, se trata de la apertura al fundamento de la experiencia, tal y como el
deseo de Freud impone, si se quiere testimoniar desde el orden ético; es decir, desde el
orden del deseo como determinado por la castración. La apuesta
respecto a la Escuela, se refiere entonces, a cómo lograr una organización eficaz donde
lo que está en juego sea la transferencia de trabajo, que no represente la consolidación
de la jerarquía y donde sea posible una elaboración de saber, nada mas ni nada menos. Volviendo a la
reflexión fundamentada en los textos institucionales del 64/67, observo que tres años
después de ese Acto que le lleva a fundar su Escuela, en La Proposición del 9 de
Octubre de 1.967 sobre el psicoanalista de la Escuela, y en el marco de la distinción
sobre jerarquía y gradus, J. Lacan vuelve sobre los tres puntos aislados (La
transmisión del psicoanálisis por la transferencia de trabajo, el uso del poder
político y la parálisis del pensamiento de la comunidad analítica), poniendo sobre el
tapete las consecuencias éticas respecto a la finalidad misma del psicoanálisis. Lacan acentúa la
relación entre el atascamiento y la jerarquía que reina en el psicoanálisis, y que él
designa en el contexto como la cooptación de sabios. Me parece interesante retomar el
efecto que recoge de tal experiencia, pues dice sin paliativos que la jerarquía promueve
el retorno del estatuto que conjuga la emergencia narcisista y la astucia competitiva,
contrario a los fines del psicoanálisis, al producir un retorno de lo que el
psicoanálisis mismo pretende liquidar. En efecto, J.
Lacan destaca que las consecuencias derivadas de la naturaleza de las sociedades
analíticas, ya fueron desveladas por S. Freud en su concepción de toda estructura de
grupo(10) (la Iglesia y el Ejército)(11). Pero al respecto teoriza, y esto es lo nuevo,
que la consideración del sujeto supuesto saber, agregada a la comprensión de toda
dinámica de grupo, incorpora nuevos elementos para pensar su incidencia en el
psicoanálisis mismo y en los modos organizativos de los que nos dotamos, por lo cual es
necesario poner en juego cómo articular después de un siglo de experiencia continuada lo
que sigue inarticulado: la terminación, el objeto y la finalidad de un
psicoanálisis(12). Así pues,
entiendo que el texto no solamente es una critica a las sociedades existentes en
psicoanálisis, sino un intento de hacer emerger ese punto de real, sin ocultarlo, para
"captar en ese defecto la articulación que falta". Es, en este contexto de
discurso, donde vuelve a referirse a la Escuela como experiencia inaugural, pero ahora con
relación al análisis mismo. Cito: "Se olvida en efecto, la razón de su prestancia,
que reside en constituir el psicoanálisis como experiencia inaugural, llevarlo hasta el
punto que figura su finitud, para permitir el apres-coup, efecto de tiempo, como se sabe,
que le es radical". De esta forma,
plantea la lógica de la Escuela, como la lógica de la experiencia analítica misma, al
rescatar las aportaciones freudianas de los años 20 respecto al yo y lo colectivo y la
consideración de la identificación y los ideales como elementos a considerar en los
grupos humanos. Y considero importante tener esto en cuenta como punto de partida en el
momento en que una comunidad se organiza como Escuela. Pero, además, plantea la
consideración del tiempo como un factor estructural, no contingente de la experiencia
analítica, y es por eso que apuesto por un tiempo de comprender vinculado a la estructura
de la Escuela misma, para poder desplegar la experiencia hasta un punto de finitud que
permita extraer un saber de la experiencia. Es a partir de
esta consideración que, terminación, objeto y finalidad del psicoanálisis, se me
revelan solidarios de la transferencia de trabajo, el uso del poder y el avance de las
elaboraciones de la comunidad analítica que tratamos de construir, pues sabemos que el
grupo es real pero también que podemos disponer de los recursos lógicos de lo simbólico
para tratarlo. Al respecto, sólo el pase puede modificar lo real al hacer zozobrar la
seguridad fantasmática que constituye para cada uno su ventana a lo real, y sólo la
relación a la causa analítica puede limitar la tensión entre el goce de cada cual y el
movimiento segregativo que origina. Es en este punto
donde advierto un viraje respecto al Acta de Fundación. Ahora es mas preciso
respecto a como ser/volverse responsable del progreso de la Escuela. Ya no se trata solo
de que se ponga a prueba el interés, el deseo, etc., sino que la Escuela sea el resultado
de los vectores que J. Lacan plantea como elementos básicos: el cartel, el pase, la
permutación, etc., y eso por considerar una referencia clmnica sobre el fin del
análisis: Hablar de destitución subjetiva nunca detendra al inocente, cuya ley es su
deseo, si no es por la vía de alcanzar el ser del saber para reconocer en su anudamiento
una banda de borde único donde se inscribe una sola falta, lo que sostiene el agalma(13).
http://www.terra.es/personal2/fer-cl/ee/El_reverso_de_la_institucion_aun.htm |